Issue - September 2009



September 2009

Editorial

In this edition: Hayley Hewat tells us about how to promote social inclusion through dance Projects in Bolivia; Enrique Happ Football Club, more that sports by Dylan Rudloff; Alejandra Ramirez researches of women in the streets in Cochabamba; Finally we learn about some about of Cochabamba's great musicias from Walter Sanchezread more...

September 2009

Women Have Taken the Streets

For thousands of women in Cochabamba today the street has become the office, factory, and workplace for family life.

Alejandra Ramírez S
CESU - UMSS

A surprising thing when looking at the streets of Cochabamba is the amount of women that have taken the streets as spaces to unfold their daily activities. The streets are spaces to work, raise children, they provide a network for social relationships and a place to construct their own political identities. As a result of the increasing poverty levels, in recent years, women have begun to leave their neighborhoods and have taken to the streets in order to undertake their business activities, to think up and to create a source of income for their families by themselves. In the past, if neighborhoods were the main spaces for women to exercise their rights as citizens, now due to crisis, family duties and daily challenges women have moved from the neighborhoods to the streets; the quintessential public space.

The streets have become a privileged space where we can find women enterprising and generating revenue by selling hamburgers, “trancapechos”, pizzas, lunches, or drinks and juices. With that work, women pay for their children’s education until they become professionals. These strategies are noteworthy: they make money and, at the same time, the basic needs of the family are satisfied; it allows them to eat. In other cases, the activities are different and are linked to a trade (a little place to sell candy, newspapers, needles, gloves, scarves, pins, etc.). In any case, the street is the office, factory, and workplace of thousands of women in Cochabamba today. It also represents an area for parenting.

Ever since they are born, placed in an aguayo or in a stroller, with their rattles and their periodical breast feedings, the street is the place where children run, play, and hide, take care of themselves mutually (from the oldest ones to the youngest ones, the little ladies to the babies) and they receive from time to time their good beatings. There the children first develop an occupation, they begin little by little to help their mothers, at the same time they study at high schools and at universities, learning to fight for life from an early age. It is not rare to see children in uniforms doing their homework on boxes, at a table or on the cold ground while they have lunch, and their mothers control what they do, while at the same time they sell their wares or accomplish their daily work.

The street is a space for excellence, for social relations, andfestivity. From there, parties are started, festivities get organized and incomes accumulate. It is a space where women, like enterprising people, take their opportunities, learning to sell with a schedule and, on special dates, without them. The New Year, San Juan, the Corso, public dates and others, are moments in which in plazas and streets, hundreds of women go out to sell - accompanied by their children and families- and celebrate the festival. The streets are spaces where women can practice their political citizenship. There the women organize themselves and fight with municipal authorities. There, they carry out their meetings, and determine their strategies to negotiate with the corresponding people or groups. “Warmis valientes” (Courageous women) has eliminated the difference between the public and private sectors. This taking to the streets shows us that such dichotomy of the private, as a place of the home for the familiar education, and the public, as place to generate income and practice political citizenship, does not exist.These streets of Cochabamba, owned by the women, shows us the need to understand, from a different perspective, how these Cochabamino women exercise their womanhood in full.


Las mujeres han tomado las calles¹

Miguel Ángel Ajhuacho
María Ysabel Nina
Natalia Rodríguez
Jenny Lara
Faculty Advisor Lic. Mónica Ruiz
Agreement between Projects Abroad & the Department of Lingüística Aplicada a la Enseñanza de Lenguas

Una cosa que sorprende cuando uno mira las calles de Cochabamba, es la cantidad de mujeres que las han tomado como espacios de despliegue de sus actividades cotidianas. Las calles son espacios de trabajo, de crianza de hijos, de relacionamiento social e incluso de construcción de sus identidades políticas.

Producto del incremento de los niveles de pobreza, las mujeres han empezado, en los últimos años, a salir de sus barrios y han tomado las calles para emprender actividades económicas, ingeniarse y crear una fuente laboral para generar, por cuenta propia, ingresos para sus familias. Si antes los barrios, mediante los clubs de madres u otras organizaciones familiares y femeninas, eran los espacios privilegiados para el ejercicio ciudadano femenino, las crisis, las obligaciones familiares y los desafíos cotidianos, han hecho que cambien los barrios por las calles, espacio público por excelencia.

La calle se ha vuelto un espacio privilegiado para visualizar los emprendimientos de las mujeres. Desde ahí como ellas generan ingresos con la venta de hamburguesas, trancapechos, pizzas, almuerzos completos, o refrescos y jugos, pagando así la educación de sus hijos hasta sacarlos profesionales. Estas estrategias son destacables: se gana dinero y a la vez se satisfacen las necesidades básicas de la familia: se los hace comer. En otros casos, las actividades son diferentes y se vinculan al comercio (puestitos de venta de dulces, periódicos, agujas, guantes, chalinas y hasta alfileres). En cualquier caso, la calle es la oficina, la fábrica, es el lugar de trabajo de miles de mujeres en la Cochabamba de hoy.

También se presenta como un espacio de crianza de hijos. Desde que nacen, colocados en un aguayo o en un coche de niños, con sus sonajeras, y sus mamadas cada cierto tiempo la calle es el lugar donde le niños/as corren, juegan, se ocultan, se cuidan mutuamente (los más grandes a los más chicos, las mujercitas a los bebes) y reciben de rato, en rato sus buenas palizas. Ahí los hijos/as cultivan un oficio, empiezan poco a poco ayudar a sus madres, a la vez que estudian en colegios y en universidades, aprendiendo a pelear, desde temprana edad, por la vida. No es raro ver niños/as uniformados/as haciendo tareas encima de un cajón en una mesa o en el mismo suelo mientras almuerzan, y las madres controlando lo que hacen a la vez que venden o realizan su trabajo cotidiano.

La calle es el espacio, por excelencia, de relacionamiento social, de festejo, de festividad. Desde ahí se presencian fiestas, se organizan festividades y se acumulan ingresos. Es un espacio donde las mujeres, como emprendedoras, toman sus oportunidades aprendiendo a vender con horarios y, en fechas especiales, sin ellos. Año Nuevo, San Juan, el Corso, fechas cívicas y otros son momentos en que en plazas y calles, centenas de mujeres salen a vender -acompañadas de sus hijos y familias- y a festejar la festividad.

Las calles son espacios de ejercicio de ciudadanía política. Ahí las mujeres se organizan y pelean con autoridades municipales. Ahí llevan a cabo sus reuniones, y determinan sus estrategias para negociar con las personas o grupos correspondientes.

Warmis valientes que han eliminado la diferencia entre lo público-privado. Esta toma de las calles muestra que tal dicotomía de lo privado como un lugar del hogar de la educación familiar y lo públicos como lugar de generación de ingresos y ejercicio ciudadanía político- no existe. Estas calles tomadas de la ciudad de Cochabamba, nos muestra la necesidad de comprender desde otra perspectiva como ejercen su agencia plena las mujeres cochabambinas.

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